Análisis de los aromas
Esta es la fase mas importante y decisiva de la cata, para comenzar se
aproxima la nariz a la copa para comprobar de manera global que no hay
aromas desagradables en el vino. No deben detectar olores avinagrados,
azufres, ajo, caucho o papel. Por esto, es muy importante vigilar la limpieza
de la cristalería que se usa en la cata y secarla al aire, para no confundir los aromas.
Al remover la copa y sosteniéndola por su pie, los aromas del vino se airean,
y es este el momento de acercar la nariz intentando reconocer los olores del vino.
Los mejores vinos son siempre aromáticos y complejos, y se van abriendo, expanden
o aparecen en la copa, haciéndose más expresivos a medida que hacen contacto con el aire.
La primera sensación notable, y la más fácil de explicar es la intensidad
aromática. Según la potencia se calificara el vino por su intensidad desde
débil hasta desarrollada, pasando por otros adjetivos como neutra, insípida,
discreta, cerrada, aromática, abierta, expresiva, fuerte o intensa.
El paso siguiente es observar la limpieza aromática, es decir su
nitidez desde la ausencia de defectos.
Una noción más subjetiva que requiere experiencia es observar la
armonía de los olores: el vino será desagradable o complejo, pasando
por común, simple, fino, severo, elegante, refinado, armonioso y con clase.
Para el final, se realiza el ejercicio más espectacular: la
identificación de los matices aromáticos.
Se suele proceder identificando un olor: la frambuesa, la vainilla,
la rosa u otros. En esta etapa, se utiliza algún término instantáneo que
describa el aroma sin mucha reflexión. Pero cuando no se identifica un aroma
preciso se observaran impresiones agrupándolas por familias aromáticas.
Para distinguir los aromas se clasifican las diferentes gamas:
- Los aromas primarios o varietales son muy característicos e identificables,
predominan las series florales, frutales, vegetales, minerales y a veces especiadas.
- Los aromas secundarios procedentes de las levaduras, de la transformación
del azúcar en alcohol o de la fermentación malolactica son los mas frecuentes y
abundantes en los vinos. En esta gama predominan las flores, las frutas, las especias y las notas vegetales.
- Para los aromas de crianza o bouquet las gamas se multiplican: florales,
frutales, miel, madera, café, chocolates, y otros.
Una vez la copa esta vacía, la historia aromática no se detiene.
Aun hasta la última gota del fondo de la copa dirá alguna cosa.
Análisis de las sensaciones en la boca
Después de analizar los aromas se procede a degustar el vino en boca,
para ello se debe beber lentamente una pequeña cantidad de vino. Un buche
medido para mantenerlo y removerlo en la boca durante unos segundos. El
primer contacto del vino se nota en los labios y en la punta de la lengua.
Lo más conveniente suele ser utilizar un termómetro para medir la
temperatura del vino en la copa, y así memorizar las sensaciones en
las diferentes temperaturas. Típicamente se utilizan 10ºC para los
blancos, 11ºC para los rosados, y 16ºC para los tintos.
Siempre que los vinos estén calientes se los debe enfriar, y
si están a menos de 6ºC no se los debe catar ya que sus aromas
serán imperceptibles.
Para saborear el vino se debe pasar una y otra vez por la lengua,
apretándolo contra el paladar, para buscar las sensaciones dulces en
la punta de la lengua. La menor o mayor graduación alcohólica, se
percibe en boca también, porque el alcohol produce una sensación
calida y dulce.
Luego se buscan solo las sensaciones ácidas y amargas, los
ácidos se notan en los laterales de la lengua, y los amargos en
la parte posterior. Esos sabores amargos se deben a los taninos,
donde en el caso de los vinos tintos, los taninos ponen la lengua
rasposa y los labios tirantes.
Cuando el vino se calienta en la boca se comienzan a apreciar
mas los aromas, ya que la boca y la nariz están íntimamente ligadas.
Por ultimo se traga y todos los aromas y sensaciones persisten
en la boca después de ingerido, esa mayor o menor persistencia en boca
es la que permitirá distinguirlos.